Observo la lluvia cayendo sobre tu rostro

con deleite recorro tus húmedas facciones,

tus ojos grises, o azules, o negros, o marrones,

abiertos, cerrados, brillantes, expectantes,

tu nariz, tus pómulos, tus labios,

tus labios abiertos, sedientos, temblorosos, suplicantes,

tus labios amables, sonrientes, complacientes,

tu lengua agitada, atrapando cada gota del licor dorado,

cada gota amarga, cada gota dulce, cada gota salada,

cada gota de lluvia

que como un jacuzzi hierve en tu boca colmada.

.

Observo la lluvia cayendo sobre tu rostro

en el parque, junto a un árbol o junto a un banco,

en el arcén de una autovía, en la esquina de un callejón,

entre dos coches aparcados, entre mis manos,

bajo una cornisa, sobre el umbral de una puerta cerrada.

.

Observo siempre firme, marcial, junto a ti,

a veces alejándome un paso,

para después acercarme a tu rebosante llamada,

o caminar a tu alrededor silencioso y sosegado.

.

A veces te desabotonas la camisa

y la lluvia acaricia tu cuerpo

empapando cada vello rubio, moreno, castaño,

las más gris, marfileño, anacarado, nevado,

resaltando cada músculo de tu deseo,

saltando en pequeñas cataratas de las erguidas colinas,

rebosando de tu pocillo umbilical,

mientras el calor invade tu calma, tu vientre, tu paz,

tu corazón late con la violencia de un maremoto,

y tu voz se va ahogando en un hermoso gemido marginal.

.

La lluvia siempre es corta pero intensa,

al final te quedas ahí agachado, en cuclillas, de rodillas,

sentado en el banco, en el bordillo o en el umbral,

y observo como tus ojos

cerrados, abiertos, agradecidos, esperanzados,

estallan en un chisporroteo de ascuas.

.

Me das las gracias y te vas.

.

g.bruno 10

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