En la universidad el patito feo se convirtió en un contestatario. Me lo contaron años más tarde en el taller de chapa.

Es curioso porque durante esos años de universidad yo volvía cada fin de semana al pueblo y solía salir de copas con amigos del instituto, e incluso con alguno con quien todavía mantenía contacto de la escuela. Supongo que en más de una ocasión se cruzaron nuestras vidas, pero no nos vimos.

En realidad me ha pasado con mucha gente de esos tiempos. Ahora, cuando vuelvo muy de tarde en tarde, aún veo rostros que me suenan, tal vez compañeros de colegio, incluso compañeros de correrías, me suenan, no me suenan, estoy inseguro. Bueno la edad no perdona y yo siempre he tenido “la memoria del gallo”.

Mis padres, mis profesores, ahora incluso mis compañeros del Ministerio me lo dicen siempre, “Tienes la memoria del gallo”. Nunca he estudiado el cerebro del gallo, lo único que recuerdo es que de pequeño siempre me despertaba el quiquiriquí de uno de la vecindad, siempre a la misma hora, siempre sobre las siete de la mañana. Bueno también es verdad que a veces me despertaba a media noche, miraba el despertador y eran las cuatro o las cinco, el ave lanzaba dos o tres gorgoritos y se callaba hasta la hora de levantarse. Yo me imaginaba que se había despertado con la luz de su dueño que se habría levantado a mear.

Y ya aprovechaba para hacerme una paja.

Pero a lo que iba, seguro que nos cruzamos y coincidimos en algún garito, pero yo estaba a lo mío y no me interesé más por la vida de ese tipo al que apenas había tratado.

Años después me lo dijeron en el taller de chapa. Sí, se había vuelto un contestatario. Los del taller suelen, aún hoy hacer comentarios despectivos.

Ahora que están tan de moda las reivindicaciones y las manifestaciones de los colectivos de gays, me imagino que la mala leche que fue acumulando de pequeño le empezaría a salir. Cuidado, no quiero decir que todos los que se manifiestan tengan mala leche, pero seguro que todos han tenido que tragar quina de pequeños.

Cuando volví a verlo en el parque me acordé de uno de esos comentarios.

“Le echaron de casa por maricón”

Y empezó una vida errante como el patito del cuento.

En realidad ya lo sospechábamos todos.

Pero al parecer había algo más, había empezado a “significarse”.  Eran años de transición, de una democracia que nadie sabía qué diablos era, porque no nos lo habían enseñado en la escuela ni en la universidad. Ahora dicen que en Barcelona y en Madrid los estudiantes se habían ido ideologizando desde los años sesenta, organizándose en comisiones obreras, supongo que sería algo como lo que ahora llaman “sindicatos de estudiantes”. Pero en mi tierra eso no existía. O al menos yo no lo conocí.

Tal vez el patito feo tuvo más suerte. Bueno, qué ironía, suerte de convertirse en un contestatario, suerte que le ayudó a ser expulsado de casa. Intentó volver a casa de su familia original. Pero no se sintió a gusto. Nunca tuvo claro su lugar en su propia familia. Y terminó exiliándose. Menuda suerte.

Y ahora que ya ha empezado a envejecer, no parece muy feliz. No me da impresión de que la vida le haya tratado demasiado bien. Su mirada sigue siendo como la de aquel niño del colegio, ausente, tal vez temerosa, incluso fastidiosa. En el fondo, triste.

Pero volviendo a los comentarios de esos años. Empezó a frecuentar a un grupo de esos “rojos de toda la vida”, hacían pintadas, se manifestaban, daban charlas contra la mili, contra la otan, contra las bases militares, o a favor de las feministas, de los sandinistas…  lo que se oía en esos años.

Yo no prestaba demasiada atención, ni me iba ni me venía, nunca me interesó la política. Y ahora que tengo más experiencia he comprobado que la mayoría de los políticos van a lo suyo. No importa el partido, no importan las ideas, el poder los corrompe. Y las multinacionales. Ahora lo llaman “los mercados”.

El patito feo empezó a significarse, supongo que necesitaba resarcirse un poco del desprecio y el ostracismo al que le habíamos sometido de pequeño. Y se acarreó que le echaran de casa. Dicen que lo que más pesó fue que era marica, pero en el fondo qué más da. Que si llevaba el pelo de hippy, que si le llamaban al juzgado municipal, que si menospreciaba a los policías, que si fumaba porros, que si iba de chulito.

Nunca se me habría ocurrido que el patito feo fuera de chulito. Los del taller ni lo corroboran ni lo desmienten, dicen que es lo que se comentaba. Leyendas rurales. Que fumase porros no era tan raro, casi todos los jóvenes lo hicimos alguna vez. A mí nunca me gustaron. Pero confieso que lo hice, por probar.

¿Ir de chulito?, ¿por qué no quería hacer la mili?, la verdad es que para nuestros viejos ir a la mili era ir de turismo. Porque la mili era el primer y a veces el último viaje que hicieron fuera de su provincia. También es verdad que siempre ha habido gente mala en la mili, y no los mandos, sino los propios compañeros que puteaban porque habían sido puteados. Luego el debate de si son mejores los ejércitos profesionales o los de conscripción, o los populares, o los “de liberación”, o los humanitarios… Los que no querían hacer la mili decían que no querían ningún ejército, que se defendían con sus manifestaciones, sus pintadas, sus sabotajes y cosas por el estilo. Bueno, yo no me meto y este no es el foro. Aquí voy a contar lo que sé del patito feo.

Dicen que a muchos que no querían hacer la mili los encarcelaron. No me extrañaría que también al patito feo le hubieran encarcelado. Pero ese dato no lo tengo y no me apetece ir a preguntárselo al interesado. Cuando le he visto le he saludado por respeto, no le he dicho que le conociese de antes y me da que él no me reconoce.

Ahora, en los medios, se habla mucho de memoria histórica, que si la república, que si los prohombres, que si los que defendieron la democracia, que si los padres de la constitución. Pero nadie se acuerda de que más recientemente han sido encarcelados mucha gente por defender sus ideas. Mejores o peores que las de los gobernantes, mejores o peores que las de hace 80 años, pero al fin y al cabo igual de respetables.

No es que esté arguyendo que el patito feo fuera un héroe, tampoco lo dicen los del taller de chapa. Se significaba, sí, pero eso no significaba que fuera ni cabecilla, ni organizador, ni líder importante. Era uno del grupo. Los otros eran rojos de toda la vida. Bueno eso dicen.

Y duró poco la militancia porque tuvo que irse del pueblo.

To be continued

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