Capítulo III. Sólo sé que no sé nadar

Sólo sé que no sé nadar

y no es desconocimiento baladí.

Baladí,

parece una expresión de origen bengalí,

me recuerda a Salgari,

(“más terrible es la guerra

y el hombre sabe que es la guerra”).

.

El fútbol es el opio del pueblo.

.

Habrá quien opine que la poesía también lo es,

ojalá sufriéramos hordas de fanáticos del verso

gritando metáforas a pleno pulmón,

por la calle, en el metro, en las cafeterías,

con algún símbolo poético pintado en sus mejillas,

unos quevedos, por ejemplo,

cada vez que se celebra un certamen.

Podrían llegar a detener a jóvenes radicales

por proferir metáforas contra la autoridad,

las imágenes poéticas siempre son denuncias,

nunca evasión,

siempre son blasfemas, injuriantes, infamantes, lascivas,

nunca evasivas,

siempre son, al fin, delictivas,

nunca patrióticas.

Hubo un tiempo en que sí,

sí que eran patrióticas,

y cantaban las glorias de los matanceros;

lo llamaban poesía épica,

yo no,

yo no lo llamo poesía;

mientras el pueblo callaba

y lloraba.

Y los padres enseñaban a sus hijos a jugar al fútbol.

.

Sólo sé que no sé nadar,

tampoco sé jugar al fútbol,

mis padres nunca me enseñaron,

también callaban.

Ni actividades tan cotidianas como planchar higos chumbos,

pelar los cuellos de las camisas,

o solucionar los habituales percances caseros

de fontanería o electricidad,

no sé tocar ningún instrumento musical,

casi ni silbar,

y me considero mal conductor,

(aunque el ser humano sea buen conductor).

Como soy varón mi cerebro es limitado,

(aunque el cerebro del ser humano sea ilimitado),

no soy capaz de hacer dos actividades simultáneas,

como escribir y organizar lo que estoy escribiendo,

por eso mis versos son siempre caóticos,

nunca evasivos,

siempre ilimitados,

bellos como el encuentro fortuito entre una plancha y un higo chumbo,

bellos, velhos, viejos,

viejos como la inquietud humana por describir nuevos rumbos.

.

Y no es conocimiento baladí,

saber que no sé nadar,

ni volar,

ni casi pedalear.

A veces,

durante esos años de Madrid,

sentí la necesidad de volar.

Ya sé que se puede hacer en avión, en parapente,

incluso con la imaginación,

pero no, yo quería volar más allá de la imaginación,

hacia el interior de mis propios versos,

hacia universos paralelos multidimensionales.

.

Encarcelaron a muchos insumisos,

por proferir libertad contra conscripción militar,

por preferir humanismo a esclavitud,

y eso que el dictador había sido sepultado hacía casi veinte años,

y eso que la esclavitud había sido abolida

casi veinte universos paralelos antes.

Encarcelaron a casi ilimitados versos desobedientes,

fueron presos de conciencia,

nunca evasivos.

Nunca olvidaré la mano de Manuel

tomando la mía durante el juicio,

ese día casi creí volar

hacia el interior de mis propios delirios.

.

No, yo sé que nunca olvidaron,

yo tampoco he olvidado,

yo tampoco olvido,

pero como soy varón mi cerebro es limitado,

(aunque el cerebro del ser humano sea ilimitado),

y me cuesta simultanear el vuelo

con el recuerdo de haber sido enjuiciado.

.

No sé nadar,

me atemoriza la fuerza del agua,

y desconfío de mi propia fuerza,

por eso casi nunca hablo,

de pequeño solían reprenderme porque no callaba ni debajo del agua,

tengo pocos amigos,

porque nunca me gustó jugar al fútbol,

y a veces mis versos son hirientes,

nunca evasivos,

bellos, velhos, viejos,

como el encuentro fortuito entre dos pasiones

en un banquillo de los juzgados de Plaza de Castilla,

o como un huracán de espejos.

.

Capítulo IV. La maleta

Capítulos anteriores:

Capítulo I. Infancia:

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/06/17/el-huracan-de-los-espejos-infancia/

Capítulo II. Los años de Madrid:

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/06/18/el-huracan-de-los-espejos-los-anos-de-madrid/

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