Capítulo V. Los espigadores.

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Pues sí, la alegoría de los espigadores,

es espiga,

es espigado,

es espigador dorado,

es espigador, es,

con espigas adornado,

espigador espera, esperado, esperigado.

La alegoría de los espigadores,

no es mía, es de una cineasta belga,

la acuñó a principios de siglo,

a principios de milenio,

a principios éticos y estéticos,

y probablemente heréticos,

humanistas, emanados,

del ciño al caño, acuñados,

Espigador espigado,

espigado de cuerpo,

espigado de verso,

espigado de fuego,

espigado de espejos,

espigado de principios.

En verdad se llama Varda,

en Varda se llama verdad,

en llama,

en espiga dorada, candente, ígnea,

enardecida, embravecida, ensimismada,

empingorotada, espigarotada,

en verdad, en Varda, en bardada,

en su armadura espigada,

en su armadura embardada.

La alegoría de los espigadores y la espigadora,

cine en verso,

llama en alma,

consumada, con su cámara, con su hada.

.

En la maleta guardaba mis espigas,

papeles de envolver con vistosos colores,

papeles de plata de cajetillas de tabaco,

chapas de botellines, cartones,

y otros tesoros de los callejones.

Con ellos confeccionaba máscaras espigadas,

tribales, mágicas, quiméricas, existenciales,

étnicas, éticas, eméritas.

La voluntad por una máscara,

era tiempo de carnaval,

era tiempo de espigar,

de desmigar, de irrigar, de mitigar,

ya nunca será tiempo de carnaval,

ya nunca será tiempo de enmascarar,

volverán las oscuras golondrinas,

volverán los oscuros ególatras,

volverá la oscuridad,

pero aquellos tiempos, esos, no volverán.

.

Las espigas me infundieron una buena nueva,

y en su fundición fui forjador de nuevas lunas,

en mi fragua se forjaron nuevos Vulcanos,

se refundieron en el invierno las amapolas,

los volcanes se fraguaron con oxidadas espingardas,

en el fragor de los yunques y el rumor de las caracolas,

donde se funden los futuros respigados tras la siega,

con el fuego de los renuevos poéticos,

con la llamarada de una erupción espigadora.

.

Y hete aquí que un huracán sembró de espejos la ciudad,

no, tal vez no fuera un huracán,

sino los mismos espigadores que respigaban tras la siega,

no, tal vez no fuera un huracán,

sino una nueva revolución de principios espigados,

o surrealismo renovado.

.

Hubo exposiciones y manifestaciones,

collages, ensamblajes y metáforas heréticas,

restos de siega en el interior,

golpes policiales, hematomas de conciencia,

rastreos en vertederos,

autoediciones de autor,

ya he contado todo esto muchas veces, en muchos versos,

en el centro ya hay bastante con putas, chulos y maricones,

pero no sabían que un espigador

podría ser todo eso y además objetor.

Pero sobre todo hubo amor,

mucho amor.

.

Amor al hombre, pero también a la humanidad,

amor con sexo, pero también con fraternidad,

amor de fuego eterno, pero también de paraíso terrenal,

amor en silencio, pero también en libertad,

amor de palabra, amor de futuro, amor de verdad,

amor de aquí te mato, pero amor para la paz,

amor de espigador, pero también amor para sembrar,

amor al hombre,

mucho amor.

.

Es necesario remarcarlo porque está en el fondo de esta novela,

en el fondo de mi palabra,

es necesario conocerlo para comprender la trama,

para aprehender el alba,

porque la intriga empieza cuando se esgrime una voz amarga,

por eso es necesario remarcar

que hubo un tiempo en que la esperanza

no fue producto de mis delirios,

sino de la libertad.

Después llegarían los otros huracanes,

los otros espejos hirientes,

las otras soledades,

a fin de cuentas nuevas formas de respirar,

diferentes siegas para espigar,

porque toda novela es sueño

y los sueños encuentros son

entre el deseo y la realidad.

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Capítulo VI. La teoría de los huracanes

Capítulos anteriores.

Capítulo I. Infancia:

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/06/17/el-huracan-de-los-espejos-infancia/

Capítulo II. Los años de Madrid:

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/06/18/el-huracan-de-los-espejos-los-anos-de-madrid/

Capítulo III. Sólo sé que no sé nadar.

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/06/19/el-huracan-de-los-espejos-solo-se-que-no-se-nadar/

Capítulo IV. La maleta.

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/06/21/el-huracan-de-los-espejos-la-maleta/

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