Capítulo VIII. Los espejos

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Narciso vio reflejada su belleza en un arroyo,

e inventó el espejo.

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La madrastra vio reflejado el rostro de Blancanieves en su espejo,

e inventó la videoconferencia.

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Alicia cruzó al otro lado del espejo y descubrió que objects in mirror

are closer than they appear.

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Una ciudad sembrada de espejos,

donde tras las lluvias brotan coprosmas

brillantísimas como espejos,

una ciudad especulativa.

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Un planeta sembrado de espejos,

donde tras cada huracán

millones de Dafnes se transforman en laureles,

un planeta de espéculos.

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Una humanidad sembrada de espejos,

donde no es peligroso asomarse al interior,

porque al otro lado hay universos

que reflejan nuestros propios versos.

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Lancemos un espejo boomerang al centro de un agujero negro

y esperemos que al volver

nos muestre quienes somos.

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Narciso vio reflejada su belleza en un arroyo,

y se ahogó en su propio salmo.

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La madrastra vio reflejado el rostro de Blancanieves en su espejo,

y generó un detonador por control remoto.

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Alicia cruzó al otro lado del espejo y descubrió que el ajedrez

no era un deporte republicano.

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Lancemos un espejo boomerang al centro de un agujero negro

y esperemos que al volver

nos enseñe a donde vamos.

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Un huerto sembrado de espejos

como paneles solares,

como panales que reflejen el trabajo de los obreros.

y el espionaje de los zánganos.

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Un libro sembrado de espejos,

donde cada página refleja un nuevo instinto,

una nueva faceta de nuestra propia existencia,

un deseo oculto,

una metamorfosis auto-contemplativa,

un vínculo con la palabra,

un espéculo para examinar nuestro propio cuerpo

por la reflexión luminosa,

por la reflexión racionalista,

donde cada página está sembrada de rostros,

de rastros,

de miradas de alabastro,

de paneles lunares,

de forjadores de revoluciones,

de panales de miel y de huracanes,

donde cada página conmine a continuar la historia

donde la dejaron nuestros antepasados,

a redescubrir los mitos

que se ocultaron tras la evangelización,

a repetir nuestros errores

una y mil veces y un millón,

porque del error emana la ciencia,

y la poesía.

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Narciso vio reflejada su belleza en un arroyo,

y se transfiguró en libro.

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Capítulo IX. El espejo del almacén

Capítulos anteriores.

Capítulo I. Infancia:

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/06/17/el-huracan-de-los-espejos-infancia/

Capítulo II. Los años de Madrid:

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/06/18/el-huracan-de-los-espejos-los-anos-de-madrid/

Capítulo III. Sólo sé que no sé nadar.

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/06/19/el-huracan-de-los-espejos-solo-se-que-no-se-nadar/

Capítulo IV. La maleta.

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/06/21/el-huracan-de-los-espejos-la-maleta/

Capítulo V. Los espigadores.

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/06/22/el-huracan-de-los-espejos-los-espigadores/

Capítulo VI. La teoría de los huracanes.

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/06/25/el-huracan-de-los-espejos-la-teoria-de-los-huracanes/

Capítulo VII. De cómo domar un huracán.

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/07/04/el-huracan-de-los-espejos-de-como-domar-un-huracan/

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