Capítulo X. El sueño

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Escribir en verso es como psicoanalizarme,

interpretar mis sueños,

sueños de humanidad, de historia,

del inconsciente, de mi conciencia.

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Me declaré objetor

porque la conciencia íntima y universal,

ética y estética,

política y poética,

revela el trasfondo humanista de los sueños.

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Una vez más todo había empezado en Badajoz,

mientras aprendía a ser maestro,

tal vez con una canción de Víctor

que me descubrió mi hermano mayor,

era la tarde un suspiro…

en una fiesta estudiantil me entregaron un manifiesto,

una declaración ideológica,

y ya nunca hubo marcha atrás,

como si una bala se alojase en mi cerebro

y ninguna cirugía instrumental la pudiese extraer,

ningún ácido la pudiese disolver,

ningún maquillaje la pudiese disimular.

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Quien no ejerce el poder de su conciencia

frente a la sumisión, la injusticia,

no es capaz de crear,

y el ser humano si no crea involuciona,

se extingue.

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Pero los objetores no somos gente pacífica,

somos revolucionarios, radicales, estridentes,

indisciplinados, informales, impertinentes,

coherentes, analistas, vitales,

imprevisibles, inexcusables,

investigadores, espigadores,

luchadores.

Luchamos, sí, luchamos,

nos enfrentamos, nos oponemos,

bloqueamos, interrumpimos, importunamos.

Quemamos, sí, quemamos,

quemé mi cartilla militar

y las cartas que me exigían que me incorporase a filas.

Rompemos, sí, rompemos,

los objetores rompemos filas.

No, no somos gente pacífica,

luchamos, quemamos, rompemos,

porque nuestra Paz no es de este mundo,

es de otro sueño.

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Martín tuvo un sueño en blanco y negro,

y el futuro se desplegó en un arcoíris.

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Ya avisé de que había más personajes en mi novela,

porque una novela es un río, una vida, un infinito,

Martín soñó en blanco y negro,

Marcos soñó en verso, desde la cárcel, el fin de la dictadura,

Baltasar soñó que los asesinados podrían descansar en paz,

Eduardo soñó el viaje a la felicidad,

Víctor siguió soñando que un día pueda regresar…

y muchos otros personajes anónimos,

soñadores,

que salieron,

que salen cada día de sus armarios,

de sus conciencias,

de sus caparazones,

de sus maletas a medio hacer,

para hacer visibles sus pasiones, su insumisión, sus metáforas,

.

De vez en cuando las noticias anuncian la llegada de un huracán,

y de nuevo los sueños se abandonan,

se amontonan olvidados en las plazas a modo de barricadas,

en los escalones de la Audiencia provocando avalanchas.

En medio de las calzadas,

sí, obligando a los automóviles a frenar, con frenesí,

auspiciando ruidos ensordecedores, como psicofonías interiores,

en el peor de los casos provocando alcances en cadena, encadenados.

.

Algunos sueños chirrian encadenados,

algunos sueños alardean flotando

como indescifrables pompas de inminente eclosión,

los niños, ajenos al peligro,

a la memoria,

saltan alegres para rozarlos, para rescatarlos,

los más rebeldes les lanzan piedras

para explosionarlos, para liberarlos.

Un sueño ha quedado atascado en la puerta del Congreso

y los diputados atrapados han tenido que saltar por las ventanas,

los bomberos no dan crédito,

los banqueros, usureros, tampoco…

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Vuelve la calma,

los barrenderos limpian cada rincón de la ciudad,

pedazos de espejos,

de conciencia, de verdad,

se restablecen comunicaciones,

podemos pasear, correr, huir,

los árboles vuelven a oxigenar,

desintoxicar, repoblar, resucitar,

yo, en consecuencia me hice vegetariano,

somos lo que respiramos,

savia, sabiduría, sueño.

Transcurren los días en silencio

y al anochecer se apagan las luces,

se retiran las olas a descansar,

los hombres a dormir

porque nada ha cambiado,

nada podía cambiar.

.

Pero uno de tantos amaneceres

comprobamos, compruebo, que un sueño,

el sueño, mi sueño,

había desaparecido,

y ya nunca lo volví a recuperar.

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Capítulo XI. Amanecer

Capítulos anteriores.

Capítulo I. Infancia:

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/06/17/el-huracan-de-los-espejos-infancia/

Capítulo II. Los años de Madrid:

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/06/18/el-huracan-de-los-espejos-los-anos-de-madrid/

Capítulo III. Sólo sé que no sé nadar.

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/06/19/el-huracan-de-los-espejos-solo-se-que-no-se-nadar/

Capítulo IV. La maleta.

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/06/21/el-huracan-de-los-espejos-la-maleta/

Capítulo V. Los espigadores.

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/06/22/el-huracan-de-los-espejos-los-espigadores/

Capítulo VI. La teoría de los huracanes.

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/06/25/el-huracan-de-los-espejos-la-teoria-de-los-huracanes/

Capítulo VII. De cómo domar un huracán.

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/07/04/el-huracan-de-los-espejos-de-como-domar-un-huracan/

Capítulo VIII. Los espejos.

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/07/04/el-huracan-de-los-espejos-los-espejos/

Capítulo IX. El espejo del almacén.

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/07/06/el-huracan-de-los-espejos-el-espejo-del-almacen/

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