Capítulo XIV. La vejez.

.

Ahora dicen que han pasado cientos de huracanes.

tal vez brisas,

ya no hay reseñas ni en las adormideras

ni en las grietas del rostro envejecido.

Sin embargo mi mirada se extiende más allá de la vía láctea…

.

Dicen que la juventud se cura con la edad,

pero nunca especifican a qué edad se cura,

a qué edad se desliza la lava por las mejillas,

por qué corte sangran los labios,

donde se oculta el grito hecho albahaca,

como fruncen el ceño y los tobillos,

a qué edad.

.

Rara vez una mano se alza contra la impunidad,

y la amputan.

Rara vez un buitre sobrevuela nuestros cerebros,

nuestra inteligencia,

nuestra autoestima,

y lo abaten.

Rara vez un grito se transforma en albahaca,

o en un puñado de semillas,

o en una ganzúa que abra tu celda,

rara vez,

y se esconde para evitar que lo amordacen.

.

¿Por qué envejecemos?

dices mientras clavas en mi cráneo tu puñal de lapislázuli,

mientras me matas recitando una inocente canción de comba,

o de escarcha.

¿Por qué envejecemos?

¿y tú me lo preguntas?

escarcha eres tú.

.

Rara vez una pregunta se yergue monolítica

ante las atentas miradas de los invidentes,

o de los putrefactos,

o de los enamorados,

y la derriban,

o dejan que se pierda fuego adentro, a la deriva,

sus pupilas azules reflejan el paso de las nubes,

y se tiñen de algas.

.

Una vez me contaron que si las agujas de todos los relojes girasen en sentido inverso,

avistaríamos el origen de las especies,

el principio del sentido poético,

la primera explosión universal,

comprenderíamos porqué uno puede arder en la hoguera

a instancias de la autoridad,

y no envejecer jamás.

.

¿A cuántos hombres viejos quemó la cristiana Inquisición?

y sin embargo solo recordamos a los jóvenes como Giordano,

¿A cuántos hombres viejos fusilaron los falangistas?

pero solo recordamos a los jóvenes como Federico.

Uno puede abrazar el tiempo, la inmensidad, la ironía,

y no envejecer jamás.

.

¿Y tú me lo preguntas?

huracán eres tú,

huracán que siembras de espejos las ciudades,

mi ciudad,

mis libros, mis palabras,

mis mapas, mi mirada azul,

mi puñalada de lapislázuli,

huracán que siembras de versos encadenados mis cárceles,

que arrastras sin destino mis recuerdos,

dejas en blanco mi memoria,

dejas en negro mi razón,

mi canto armónico,

ya mi voz solo profiere axiomas,

ecuaciones desordenadas,

y las más de las veces, calla,

abraza sin miedo las llamas,

como quien se aferra al futuro

a sabiendas que ya nada guarda.

.

Ahora sueñan que han pasado cientos de alacranes.

tal vez amapolas,

ya no hay secretos en las estanterías

ni en la fuerza del rostro envejecido.

Sin embargo mi mirada se extiende más allá del lucero del alba…

.

La vejez, otros aseguran que llega cuando menos la esperas,

que te ataca por sorpresa como un huracán,

que desnuda tu cuerpo y fustiga tu espalda,

exponiéndote a la intemperie sin refugio,

cuando menos lo esperas,

cuando más fría es la calma,

que hunde tus pies en el fango,

y tus pasos en lo más profundo del mundo.

.

¿Y tú me lo preguntas?

el refugio eres tú.

.

Pero no es verdad, nada de esto es verdad,

el tiempo no cura nada,

tan solo esparce semillas de desconfianza en terreno quemado,

con la inútil esperanza de que se regenere la piel,

de que broten nuevas llamas de rocío,

tan solo espera,

pero no espera nada,

no cura nada,

no es verdad, es solo una alambrada,

infranqueable, inadaptada, intransitada.

.

Rara vez se quiebra la conciencia de un poeta,

porque la conciencia de un poeta es inabarcable,

y lo asesinan

clavando sus pasos en lo más profundo del mundo.

.

Algunos días me siento envejecer,

me siento un poco viejo,

con el rostro surcado de azogados espejos,

un poco aviejado,

con la voz atravesada por sables de mercurio,

con las manos galvanizadas de cables,

y un vago recuerdo vagando entre lunas,

perdiéndose, perdiéndome,

un poco viejo,

un poco inadaptado.

.

Sin embargo mi mirada se extiende más allá…

mi mirada eres tú.

.

Capítulo XV. Otro canto rodado

Capítulos anteriores.

Capítulo I. Infancia:

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/06/17/el-huracan-de-los-espejos-infancia/

Capítulo II. Los años de Madrid:

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/06/18/el-huracan-de-los-espejos-los-anos-de-madrid/

Capítulo III. Sólo sé que no sé nadar.

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/06/19/el-huracan-de-los-espejos-solo-se-que-no-se-nadar/

Capítulo IV. La maleta.

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/06/21/el-huracan-de-los-espejos-la-maleta/

Capítulo V. Los espigadores.

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/06/22/el-huracan-de-los-espejos-los-espigadores/

Capítulo VI. La teoría de los huracanes.

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/06/25/el-huracan-de-los-espejos-la-teoria-de-los-huracanes/

Capítulo VII. De cómo domar un huracán.

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/07/04/el-huracan-de-los-espejos-de-como-domar-un-huracan/

Capítulo VIII. Los espejos.

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/07/04/el-huracan-de-los-espejos-los-espejos/

Capítulo IX. El espejo del almacén.

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/07/06/el-huracan-de-los-espejos-el-espejo-del-almacen/

Capítulo X. El sueño.

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/07/20/capitulo-x-el-sueno/

Capítulo XI. Amanecer.

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/07/20/capitulo-xi-amanecer/

Capítulo XII. Senderos.

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/07/20/el-huracan-de-los-espejos-senderos/

Capítulo XII. La escuela.

https://forjadordelunas.wordpress.com/2012/07/20/el-huracan-de-los-espejos-la-escuela/

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