Úbeda julio 2013 (ejercicio de soledad)

Cristo, escultura en madera

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Otro julio en Úbeda,

un ejercicio más de soledad,

horas de inmersión y recuerdos,

penas punzantes florecen entre la hiedra,

cantos de pájaros anidan en el pino, cantos,

cantos de verano, cantos alegóricos, amargos,

duros como cantos rodados,

claqueteo monótono de reloj en la pared,

tan necesario, tan implacable, tan inaplazable.

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Otro julio en Úbeda, solo,

y van cinco, cincografía, un lustro de flores, de sombras,

junto al galápago que trajimos desde fez

y el olivo que nunca nos dio aceitunas,

preguntas lanzadas al vacio vagan por las cantinas,

se funden en un abrazo sin respuestas,

sin llegar, ahora, a convertirse en lágrimas,

recorren de frío los tuétanos,

y de silencio se ahogan en la garganta.

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Otro julio en Úbeda

intentando mantener con vida estos arcos medievales,

el mural de Extremera, la pintura mágica de Góngora,

las cuatro banderas del Palio de Siena,

el cristo mutilado, sin brazos, sin voz, sin pasión,

las sorpresas de Aranda en vitrinas desacralizadas,

y esta reciente mirada cristalina de Gandhi forjada por Tiznajo.

Un ejercicio autoinfringido de soledad

ante  páginas en blanco que me duelen y me confinan.

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Otro julio en Úbeda

y me siento solo, muy, muy solo,

el televisor ya no puede ofrecerme más consuelo.

Me fallan las fuerzas para seguir paseando esta ciudad

sin nadie con quien nuevos hallazgos compartir.

A veces se asoma algún turista belga

y constato que mi inglés es un vuelo empobrecido.

Sostengo y reformo esta casa tras siglos de piedra,

y necesito alguien con quien convivirla, con quien amarla.

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g. bruno julio 2013

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