DOUTOR HONORIS SEIXAS

artur

Callan los hombres vestidos de mar y barro,

vestidos de barro, desnudos de frío,

en la ceremonia de los sueños de tinta china.

Sueños que derriban castillos, que izan rayos.

 

Nombran doutor a Artur, el amigo,

el vendaval impregnado de aceite, de óleo.

Tiemblan las alforjas repletas de libros

bajo sus pies de cebada, su piel de lino.

Audaces geómetras describen elipses,

el honor se hace huella que avanza en el tiempo,

surcando dunas de luz y voces encriptadas.

Encriptadas dunas fora de qualquer dúvida.

 

Nombran doutor a Artur, el amigo,

el espejismo de nubes enmarcado en verso.

Callan los hombres cargados de invierno y templanza,

cargados de templanza, pausados de camino,

fraguados de rocío, recios de pan y manta,

en la ceremonia a la sombra lúcida de un olivo.

Cantan los angoleños con su berimbau de peito,

con pechos incandescentes de canto inhabitado.

 

Nombran doutor a Artur, el amigo

que en el año 20 nos llegó montado en un arcabuz de alabastro.

Le nombran en abril cuando celebramos en España

a la luz de las linternas la llegada de la tenue libertad.

Callan los hombres que gritan a la tierra,

que gritan al horizonte con la energía magnética del eco,

con el eco magnético de su energía,

con la flaqueza enérgica de su silencio,

en la ceremonia antesala da Revolução dos Cravos.

Claveles, clavos que se incrustan en los brazos bravos.

Bravos brazos que esparcen simientes

y empuñan arados, montando corceles alados.

 

Nombran doutor a Artur, el amigo,

de rostro astillado entre bosques calcinados.

Cantan los angoleños con sus fríos ojos, su calor negro,

empuñando un eclipse lunar entre manos de obsidiana,

abrazando al tiempo con dedos de mar sin calma.

Callan los hermeneutas, cantan los grandolenses

en su vila morena, su vida más tierna.

Callan los pontificadores, cantan los famalicenses

en su vila nova, su vida nueva,

en la ceremonia de los indigentes, de los eximentes.

 

Nombran doutor a Artur, el amigo

que acuchilló la vela, que desveló el sentido.

Hierve en las venas un magma de palabra desbordada,

y en las gargantas un flujo de ignición, de luz dorada,

como dorados son sus ojos de sal,

dorados sus años de cordialidad,

dorados sus pasos de montaña,

montaraces sus besos con dignidad,

con dignidad de borboleta.

Hierve en las canas un magma de borboleta desbordada

en la ceremonia de los condenados,

en la ceremonia de los encadenados,

en la ceremonia de las impetuosidades desencadenadas.

 

Nombran doutor a Artur, el amigo,

el honor se hace camino, la causa destino.

Nombran doutor a Artur, mi maestro ensamblador,

ensamblador de objets trouvés,

reestructurador de objetos maltratados,

confiscador de objetos inacabados,

investigador de objetos inescrutables.

Nombran doutor a Artur, mi maestro

en la ceremonia de los abuelos con amapolas.

En la ceremonia de los objetos con voces propias,

de los objetos con voces rotas.

 

Nombran doutor a Artur, el amigo.

El amigo con un despertador en el vientre

prendido con 94 imperdibles inolvidables.

El amigo que sostiene la atmósfera

con fuerza de atlante y suspiros de levadura.

El amigo que cruza todos los universos

deslizándose sobre metáforas de bronce

mientras cantan y callan al unísono

los cirujanos de fragua y bisturí

en la ceremonia ancestral y sísmica.

Ancestral y sísmica ceremonia

como una lluvia de alfileres de corbata

que saludan la alborada.

 

Se hace camino el honor, destino la causa,

nombran doutor a mi amigo.

 

g.bruno 2014

 

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