LA DEMOCRACIA ASESINADA

Yagüe enfiló sus baterías hacia Montijo,
un crimen casi perfecto.

El terror hervía en las penas,
el pueblo sería barrido.
La humanidad sería barrida.
Comenzaron los paseíllos.
Más de cien ciudadanos,
maestros, albañiles, labriegos,
ensangrentaron las tapias del cementerio.
Un genocidio casi perfecto.

En las escuelas nos situaron
la guerra en el siglo XI,
con un cid campeador mercenario ,
y un sanguinario matamoros
que cerró España al mundo.
Borraron nuestras historias de las conciencias
a base de catecismo
y palmetazos en los nudillos.

No, no borraron nuestras historias,
mientras manteníamos los brazos en cruz,
soportando falsos libros censurados,
mi abuela ocultaba la foto de mi tío
en el fondo de un cajón de madera,
boca abajo, con el recuerdo callado.
Porque no quiso marchar al frente
se lo llevaron.

Lo asesinaron junto al maestro,
un crimen casi perfecto.
Hoy no queda nada en esas tapias,
ni sangre, ni pólvora, ni graffitis,
ni siquiera el miedo.
Su nombre está grabado en un memorial
pero los criminales no tienen antecedentes,
ni remordimientos penales.

Han gozado ya de ochenta años de paz,
pero al final perderán la Memoria,
sus memorias.
Asesinaron la democracia,
un genocidio casi perfecto
que nunca ha sido juzgado ni condenado,
pero al final perderán la Historia
y el respeto.

¡Ah, nuestras banderas!
Nos sentimos orgullosos de haber resistido,
de haber recordado, de haber aprendido.
Orgullosos de nuestro pasado,
de mi tío y del maestro que junto a él asesinaron.
Orgullosos de su Futuro, de sus futuros,
aunque aún se nos sigan negando.
Nuestras banderas no tienen colores, tienen vidas.

Asesinaron la democracia,
un crimen casi perfecto.
Aún hay calles dedicadas a los criminales,
algunos sacerdotes siguen glorificando
aquella cruzada contra la libertad,
y los políticos más jóvenes
se burlan de aquella masacre
y de los abuelos que no perdieron la dignidad.

Un minuto de silencio,
de vigoroso y desafiante silencio,
de luz que abra fosas y cierre heridas.
Un minuto de insumisión, confrontación y determinación.
Un minuto de aire para henchir los pulmones,
que aumente las pulsiones.
Un minuto de silencio como un Big Bang
que reinicie la Palabra donde la interrumpieron ayer.

g.bruno 2015

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