AYER, COMO HOY

una-flor-descalzaAyer murió un soldado desangrado en su pueblo natal

mientras miraba la televisión,

y masticaba tabaco de caña,

y arañaba con sus uñas un premio oculto en un cartón dorado,

y mascullaba una sinfonía en sol mayor sostenido;

mientras su hijo pequeño le cercenaba el cuello con un cuchillo eléctrico.

 

Mientras tanto, a miles de kilómetros, cientos de deficientes psíquicos corren una maratón.

Ayer subió 50 céntimos la barra de pan,

pero el mendigo que duerme en el portal de mi casa no se ha enterado.

Sus mendrugos son de la semana pasada,

tienen restos de espuma de afeitar,

verdecen con penicilina natural,

y están mordidos por el perro de la vecina del quinto.

 

Mientras tanto, a miles de kilómetros, se sube un anciano a un tren en marcha,

cae al dar un traspié

y muere arrollado

bajo las miradas incrédulas de los pasajeros que esperan en el andén.

 

Ayer recibí una carta sin remite, no quise abrirla

por miedo a que contuviera un escrito humillante,

la identidad del anciano arrollado por el tren,

o mis emociones desbocadas;

por miedo a que contuviera esporas

o espurias esperas,

por miedo a que, tal vez, contuviera un recorte de prensa,

un recorte prensado.

Un recorte del sueldo,

un recorte soldado.

Un recorte de pelo,

un recorte especulado.

 

Mientras tanto, a miles de kilómetros, dos camioneros orinan junto a una cuneta,

salpicándose mutuamente.

 

Ayer se encontraron unos escritos perdidos en la guerra de los Balcanes,

estaban mutilados,

sin firmas, sin títulos,

sin ilustraciones,

sin los sellos de la censura,

sin dedicatorias ni bulas.

Dicen que los van a subastar al mejor postor,

que los van a restaurar con fragmentos de antiguos manuscritos persas,

que los van a publicar en una prestigiosa revista de historia contemporánea.

prestidigitadora revista,

histriónica contemporánea,

con fragancia de antiguos,

al mejor pastor,

manos de grito.

 

Mientras tanto, a miles de kilómetros, se masturba un profesor de teología

releyendo el cantar de los cantares.

 

Ayer volví a esculpir en el umbral renacentista de una iglesia de mi barrio.

Ayer volví a escupir.

Y una anciana que entraba a rezar con su velón me sonrió complacida.

Y un niño que botaba su balón contra la fachada me sonrió complacido.

Y un obrero que pasaba con su carretilla llena de ladrillos me sonrió complacido.

Y un conductor desde su furgoneta de pértigas me sonrió complacido.

Y hasta un perro me sonrió complacido mientras apoyaba una pata trasera,

¿un perro, un párroco?

Y mirando hacia el cielo pude ver como un avión a reacción dibujaba con su humo

una sonrisa complacida.

 

Mientras tanto, a miles de kilómetros, un nutrido grupo de presos se fuga de una cárcel

con la clásica técnica de anudarse unos a otros y descolgarse hasta la calle.

 

Ayer, como hoy, las noticias corrían una maratón de deficiencias ensordecedoras.

Ayer alguien gritaba mi nombre y al volverme di un traspié y caí en desgracia.

Ayer, como hoy, los hombres gozaban de sus sueños en barracones de mugre

Ayer me robaron la agenda de nombres ilustres

y lustré mis zapatos con el barro de la cuneta.

Ayer, como hoy, los mendigos me indicaban el camino con mendrugos.

Ayer los obreros cargaban sus carretillas,

para construir cimientos,

para cementar poemas.

Ayer, como hoy, a miles de kilómetros, no pasaba nada diferente,

no apresaban a nadie diferente.

 

Mientras tanto, en la prensa oficial, entrevistan a un famoso con corbata de barras y estrellas

y en la fosa común, desentierran los restos de excombatientes desaparecidos.

En la prensa oficial, se fotografía una sonrisa de humo nublada por el humor oficial,

y en la fosa común, un extraño de tez cobriza perece de inanición,

parece de ignición.

 

Mientras tanto, a miles de kilómetros, los labradores siembran las tierras,

nuevos alimentos para nuevos hombres,

nuevos surcos para nuevos correajes,

nuevos corales para nuevas estaciones,

nuevos sudores para nuevas eyaculaciones,

nuevos labradores para nuevas conspiraciones.

 

Ayer ví un amanecer abrirse paso entre los ocasos.

Ayer ví un verso abrirse paso entre los acasos.

Ayer, como hoy, vi una flor abrirse paso entre adoquines,

una flor descalza,

una flor de paso.

 

Mientras tanto, a miles de kilómetros, escribo este poema de fugas,

de recortes,

de conspiraciones,

como ayer, como hoy, como acaso, como siembra, como sierpe.

 

g.bruno 2002

Este poema está incluida en un pequeño poemario titulado “una flor descalza”, que edité artesanalmente con motivo de la exposición “Menú/ homenaje a Mario Henrique Leiria” que tuvo lugar en la librería alfarrabista de Miguel de Carvalho, en Coimbra (Portugal) en septiembre de 2008.

os-ossos-tambem-tem-fomeLos poemas de este pequeño poemario fueron leídos a la orilla del río Mondego,

dsc01530donde previamente habíamos botado barquitos de papel elaborados con poemas de Mario Henrique Leiría.

dsc01509Destaco ahora este poema por sus referencias a las fosas comunes con restos de excombatientes desaparecidos. Porque el hilo de Memoria Histórica ha estado siempre presente en mi poesía, en mi obra, en mi vida.

portada

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