Si se hiciera (o hiciese) una encuesta sobre las fuentes del Paseo del Prado, a la mayoría de las personas que vivimos en Madrid (y no digamos si se hiciese o hiciera al resto de la ciudadanía del Estado), estoy seguro que la mayoría aplastante respondería que conocen dos: Cibeles y Neptuno.

Pues en medio hay otra: la de Apolo.

Apolo es el dios de la belleza, de la perfección, de la armonía, del equilibrio y de la razón, el iniciador de los jóvenes en el mundo de los adultos, está conectado a la naturaleza, a las hierbas y a los rebaños, y es protector de los pastores, marineros y arqueros. Apolo se ha identificado sincréticamente con un gran número de divinidades mayores y menores en sus diferentes lugares de culto, y ha sobrevivido secretamente a lo largo del florecimiento del cristianismo. Sin embargo, en la Edad Media Apolo fue identificado por los cristianos muchas veces con el Demonio, asociado con el poder profano, como es sabido el culto a otros dioses en la época cristiana era sinónimo de cumplir una condena en la hoguera.

Apolo, eterno kuros imberbe, fue el dios griego que tuvo las relaciones homosexuales más prominentes. Esto podía esperarse del que era dios de la palestra, el lugar donde los jóvenes se reunían para practicar atletismo, siempre desnudos. Algunos de los jóvenes amantes de Apolo sufrieron trágicas muertes resultantes de accidentes.

Jacinto fue uno de sus amantes masculinos. Jacinto era un príncipe espartano hermoso y atlético. Mientras ambos practicaban el lanzamiento de disco, un disco lanzado por Apolo fue desviado de su trayectoria por el celoso Céfiro y golpeó a Jacinto en la cabeza, matándole al instante. Cuando el joven murió, se dice que Apolo sintió tanto enfado y dolor que convirtió a Céfiro en viento para que nunca volviera a tocar ni hablar a nadie. De la sangre de Jacinto, Apolo creó la flor llamada como él en tributo a su muerte, y sus lágrimas mancharon los pétalos de la flor con marcas en forma de άί άί, que significa ‘¡ay, ay!’, como símbolo del eterno lamento. El Festival de Jacinto (Jacintias) era una celebración tradicional en Esparta.

Otro amante masculino fue Cipariso, un descendiente de Heracles. Apolo le regaló un hermoso ciervo domesticado como compañero, pero Cipariso lo mató accidentalmente con un pilum cuando este yacía dormido entre la maleza. Cipariso pidió entonces a Apolo que hiciera que sus lágrimas rodasen eternamente. Apolo accedió a la petición transformándole en un ciprés, del que se dice que es un árbol representativo de la tristeza porque su savia forma gotitas que asemejan lágrimas en el tronco.

LA FUENTE:

El diseño es de Ventura Rodríguez, junto a Cibeles y Neptuno, aunque la ejecución material fue encomendada a diversos escultores. He estado investigado en la web y no he encontrado de momento al escultor que elaboró concretamente al  Apolo que al parecer aparece con los rasgos del rey Carlos III. La fuente incluye las esculturas de  las cuatro estaciones, obras del escultor Manuel Álvarez, el Griego. También participó en el monumento el escultor Alfonso Giraldo Bergaz.

Afortunadamente esta fuente no es musa de ningún club de hooligans de ningún equipo de fútbol, por lo que está a salvo de exaltados que se suban a hombros de Apolo para cubrirle con bufandas y banderas, con el peligro subsiguiente de destrozar el monumento.

Propongo que, a cambio, sea fuente de culto del colectivo LGTBQ. Nosotr@s sí sabemos respetar el Patrimonio a la vez que reivindicamos nuestros Derechos.

 

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